El mejor amigo del perro
Hace ya tiempo escribí un post en el que, con cierto tono jocoso, mostraba algunos consejos sobre cómo tratar a un perro, a fin de evitar algunas actitudes erróneas que muchos dueños muestran ante sus mascotas. En realidad, tengo que reconocerlo, en ese post reflejaba mis propias vivencias. Hoy, después de pasar más de 15 minutos esperando a que mi perra se dignase a volver a casa conmigo, recordé el escrito y, en cuanto llegué a casa, lo adapté según mi conocimiento actual del mundo canino:
Hay que demostrar autoridad ante el perro
Es un hecho que los perros asumen sin dificultad su posición jerárquica allá donde vayan y que, por tanto, hay que mostrarles desde un principio quien es el que manda en casa. Unos dicen que la clave consiste en aportar valor a la relación con el animal únicamente cuando uno así lo quiera. Otros argumentan que no hay que dejar que sea él quien decida qué hacer o cómo hacerlo. La tercera corriente basa la clave del éxito en los premios en forma de comida. Vamos, que ni puta idea, porque consenso, lo que se dice consenso, no hay. En cualquier caso, para saber en cuanto se valora tu autoridad, una de las mejores técnicas consiste en caminar lentamente sin prestar atención al perro, cambiando de dirección cuando éste nos alcance y obligándole a que sea él quien nos siga en todo momento. Si el perro te sigue incondicionalmente, tu posición jerárquica como jefe de la manada es un hecho indiscutible. De no ser así, es muy probable que te pases una semana empapelando el barrio con carteles de "Se Busca".Hay que evitar razonar con el perro
Es imprescindible partir de la sencilla premisa de que los perros no entienden el significado de las palabras y que, a pesar de ser animales tremendamente sociales, sus necesidades son muy elementales. En el mejor de los casos, los perros sólo son capaces de relacionar sonidos y circunstancias con estímulos positivos o negativos (es decir, comer o no comer, jugar o no jugar, etc). Conviene no olvidar que esa aparente atención, que en ocasiones prestan al dueño, se debe por norma a la expectativa de que se les vaya a dar de comer, pero nunca a que comprendan qué se les está diciendo. Según cuentan algunos expertos, lo mejor es reducir el vocabulario, que se emplea con ellos, a palabras muy cortas y utilizar siempre las mismas. Por esta razón es aconsejable evitar todo tipo de razonamiento con ellos, por muy sencillo que se trate de explicar algo o por muy lento que se les hable. Y si ya es malo intentar razonar con ellos, mucho peor es hacerlo en público. Nunca sabes quien puede estar escuchándote.Hay que evitar empatizar con el perro
Aunque el perro vea en el dueño al jefe de la manada, no es motivo suficiente para tratar de empatizar, en términos caninos, con el animal. Simular ladridos, emitir gruñidos, ponerse a cuatro patas o llegar a olisquear la comida, no sólo se convierte en un fútil acercamiento, sino que además es motivo de burla justificada. No pierdas la perspectiva, porque puede llegar a convertirse en un mal hábito y nunca se sabe quien puede andar por el parque. Eso sí, si persistes en esa actitud, para empatizar y simpatizar con un perro lo más efectivo es olerle el culo cuando le veas por la mañana. Tú mismo.Hay que simpatizar con el perro
El papel del ser humano, en los primeros años de vida del perro, puede clasificarse en tres grandes grupos, no necesariamente excluyentes, que definen la simpatía del animal hacia éste en función de cómo se satisfacen sus necesidades básicas. Están los que dan de comer, los que juegan y los cabrones que echan la bronca por cualquier cosa. Si estás en cualquiera de los dos primeros grupos, estás de enhorabuena, ya que el perro te recibirá con sendos movimientos de cola, directamente proporcionales a la alegría que quiere manifestar. Por el contrario, si estás en el tercer grupo, prepárate y vete despidiendo de ese par de zapatos que te costaron 300€ en El Corte Inglés. No descartes tampoco alguna meadita ocasional en tu habitación. Aunque seas el jefe de la manada.Por cierto, si después de cinco años no has conseguido siquiera que ande por la calle a tu lado, que se siente cuando tú quieres o que venga a ti cuando se lo pides, entonces olvídate de contrariar a tu perro en público. Te dejará en evidencia. Y eso duele. Mucho.

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